De poco le han servido al base canario sus brillantes actuaciones de las últimas semanas. Sus partidos con 10 y 11 asistencias en poco más de 20 minutos pasaron al olvido para el técnico de los Blazers, Nate McMillan, simplemente al ver un mal pase de Sergio durante el choque del pasado martes. Según cuentan los reporteros de Oregon Live, McMillan decidió en ese mismo momento relegar al español al puesto de tercer base en el equipo, en beneficio de Dan Dickau, teórico primer suplente en esa posición, quien a su vez habría recibido un castigo similar durante las semanas en las que Sergio más brilló.

En otras palabras, la filosofía con la que McMillan pretende curtir a sus jóvenes jugadores está basada en el castigo y no en el premio. Corregir antes que reforzar, bajo el argumento de que "son siempre los mismos errores", en palabras del propio técnico. "Sergio estará bien. Es joven, y aunque está haciendo cosas buenas, parece que cuando comete errores lo hace en momentos cruciales de los partidos", continúa McMillan. Esta última frase con la que se justifica el entrenador quizá sea la que revele la verdadera intención de esta extraña teoría docente: los errores de los jóvenes son aceptables mientras no le hagan perder partidos. Porque una cosa es cuidar el futuro de las estrellas emergentes y otra muy distinta es descuidar el propio, que la estabilidad de los head coach es muy frágil.