Si esto no fuera un desahogo y fuese la televisión, probablemente estarÃamos en Vidas Ejemplares (sÃ, ya sé que no se emite), ese programa de niños peinados con impoluta raya a un lado, jersey de rombos hecho por su madre abnegada y que sacaba adelante a sus diez hermanos con la resolución de un Ulises. Ese niño serÃa Fernando Alonso, y podrÃamos hacer un traveling por la pista de karts donde comenzó, hablar con sus primeros mentores sobre fondo negro, como los documentales de National Geographic, y superponer imágenes de sus comienzos con las del primer (esperamos que no sea único) Campeonato del Mundo de Fórmula1. Todo esto, aderezado con música emocionante, tipo Los intocables de Elliot Ness y doblado por Ramón Langa, al que nunca dejaremos de ver como Bruce Willis. La vida de un héroe, en definitiva.
La siguiente vida serÃa de otro programa. Quizá Informe Semanal (ya sé que tampoco se emite). SerÃa el contrapunto y podrÃamos mostrar la vida de uno de esos pilotos que no llegarán, salvo milagro, a ser Campeón del Mundo de Fórmula 1. Un piloto probador, el primero de los perdedores en la carrera por un volante, que cada vez que ha tenido la oportunidad ha demostrado tener manos, coraje y capacidad para competir. Una carrera, cuarto puesto. Y que no puede quejarse, porque otros muchos se han quedado antes en el camino. Ese contrapunto serÃa Pedro de la Rosa, un piloto magnÃfico sin el apoyo de un gran patrocinador ni la excepcionalidad de un genio, demasiado viejo (34 años) como para aprovechar el tirón mediático de Alonso en los próximos años.
Que De la Rosa sabe de coches nos ha quedado a todos claro. Cada carrera retransmitida por Telecinco (excepto aquella en la que corrió, por motivos obvios) ha sido una lección magistral de un experto en eso tan difÃcil de la Fórmula 1. Y sabe hablar, no como MÃchel.
Esta semana hemos sabido que sus negociaciones por un volante oficial en 2006 no han dado los resultados que esperaba. Él lo achaca a que los equipos buscan pilotos jóvenes, competitivos y con tirón mediático. Quizá más pasta por parte del sponsor le hubiera facilitado la vida y le hubiera hecho ganar algún campeonato en el Annus Horribilis de Jaguar, donde Eddie Irvine (Otro programa, ¿Qué pasó con…?) le hizo la vida imposible. Incluso se ha planteado competir en otras categorÃas.
De la Rosa se sabe bueno. Esa seguridad le ha perjudicado en su carrera, en los enfrentamientos con sus compañeros de equipo, no mejores que él (no diremos que peores.. bueno, lo diremos), pero con más dinero a sus espaldas. Viendo el final de su carrera, se busca la vida como asesor de la Ciudad del Motor de Alcañiz, donde pondrá su experiencia (y más su nombre) al servicio de un nuevo circuito. Una dorada jubilación para el primero de los perdedores.
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