La derrota de la última madrugada, segunda consecutiva ante los Sixers, es ya la octava de los Toronto Raptors en este comienzo de temporada. De momento aún no han estrenado su casillero de victorias, lo que les sitúa en una peligrosa deriva hacia el libro de récords: el peor comienzo de temporada de un equipo NBA hasta ahora había sido el 0-17 que inmortalizaron los Miami Heat en 1988 y repitieron los Clippers de Los Angeles diez años después.

La noticia no pasaría de curiosidad si en el equipo canadiense no militara José Manuel Calderón. Seguro que el base español está recordando el chiste de aquel tipo al que le encantaba jugar al poker y perder. Ganar un partido de la NBA también debe ser la hostia, pensará aún el extremeño.

Es difícil discernir si esta complicada situación del equipo reporta algún beneficio individual para Calde. En cierto modo, que el equipo no funcione empuja al técnico, Sam Mitchell, a probaturas y combinaciones que quizá no se atrevería a hacer si estuviera al frente de una máquina perfectamente engrasada. Y eso siempre significa oportunidades para alguien que tiene que demostrar su valía. Un ejemplo fue el tercer partido de la temporada, ante Detroit, en el que Calderón pudo jugar 43 minutos gracias que Mitchell decidió emplear juntos a los dos bases del equipo, Calderón y Mike James, ante la inoperancia de Jalen Rose, una de las supuestas estrellas.

Pero la crisis también tiene consecuencias negativas para un rookie, como a priori podría parecer la contratación de Darrick Martin, otro base para la rotación del equipo. Es inevitable pensar que su adquisión llevará consigo un descenso de minutos para el español, pero no lo vende así el técnico, quien asegura que será "bueno para José". Lo que parece que los Raptors esperan de Martin es que transmita la experiencia adquirida en sus 10 años de profesional a un novato extranjero que, de momento, se destaca como el único base-puro del equipo (de los que hacen jugar a sus compañeros) y el mejor pasador de todos los rookies, entre los jugadores no titulares y el número 13 en el total de la Liga. Si es así, la contratación será un acierto. De lo contrario, el cortoplacismo de las derrotas habrá vuelto a imponerse a la construcción para el futuro. Por desgracia para Calde.