El sábado podíamos leer en Marca el interés de al menos dos equipos de la NBA, Utah Jazz y Dallas Mavericks, en el base español Carlos Cabezas. De no haber mediante una cláusula de rescisión que, como en el caso de Juan Carlos Navarro, podría resultar un impedimento, el marbellí podría aumentar la nómina que ya integran Gasol, Calderón, Garbajosa y Rodríguez, y próximamente quizá también Rudy.
Aunque tan sólo sea una mera muestra de interés, la noticia da pie a varias reflexiones a vuelapluma:
- Siete españoles ¡siete! con nivel suficiente para que la NBA se fije en ellos. En tiempos en que el discurso xenófobo de la Asociación de Jugadores es más catastrofista que nunca, el talento español logra salir a flote... sólo es necesario que exista. El proteccionismo es la bandera de los mediocres: los buenos de verdad no tienen tiempo para tonterías.
- Aunque se le niegue el pan y la sal, la ACB ha sido el caldo de cultivo en el que estos jugadores (salvo Garbajosa) han pasado de promesas a realidades. ¿Cuántos jugadores de la supuestamente 'españolísima' LEB están en ese nivel?
- Una Liga capaz de producir una selección campeona del Mundo y siete proyectos de NBA no puede ser un mal producto comercial. Como tampoco lo puede ser una liga que incrementa año tras año sus aforos, o que consigue audiencias más que aceptables en las TV Autonómicas. Si funciona en la cancha, funciona en los pabellos y en las autonómicas, y el único sitio en el que no funciona es TVE... quizá la culpa sea de TVE, ¿no?












