Tras haber presenciado el Estudiantes-Gran Canaria, este humilde bloguero creía tener una opinión clara de lo presenciado y un juicio personal sobre la actuación de los principales protagonistas del partido. Sin embargo, minutos después he consultado la estadística oficial del encuentro y no he podido evitar sorprenderme con los datos. Básicamente, si el choque no hubiera sido televisado y toda la información que me hubiera llegado fuera la de los fríos datos, uno pensaría que Sergio Sánchez había sido uno de los pilares del equipo estudiantil. 12 puntos anotados, 17 de valoración, numéricamente el segundo mejor jugador de los madrileños, junto con Garnett y solo tras McDonald. Eso dicen las cifras, ¿no?

Pues en la opinión (posiblemente temeraria) de un servidor, y sin ánimo de hacer crítica sobre el jugador, Sergio ha sido uno de los peores del equipo de Pedro Martínez, y su desacierto, una de las causas de la derrota que posiblemente deje al Estu sin Copa. Reitero: no se trata de criticar al jugador, sino de subrayar las incongruencias de este sistema estadístico cuyas conclusiones algunos elevan a la categoría de dogma y que sin embargo se muestra incapaz de valorar las cosas verdaderamente importantes en una pista de basket. Porque, sí, es cierto que Sergio ha anotado más que Gonzalo Martínez, por ejemplo, pero mientras que con el pequeño de la saga madrileña el Estu jugaba con sentido, cuando el andaluz agarró el timón básicamente sólo buscó sus propios tiros, empecinándose en penetrar y forzar las acciones, sin saber encontrar las mejores opciones que casi siempre tenían sus compañeros.

El Estu no ha perdido por Sergio, quede claro. Hubiera necesitado más rebote, más defensa y posiblemente más suerte, una mayor presencia de Nikolic en la primera parte, un mejor recambio para McDonald que Caio Torres... muchas cosas. Simplemente, Sergio, aunque lo parezca, no fue de los mejores, y sin embargo los números así lo dicen.

¿Cuánta verdad cuentan los números? ¿Valen por sí solos para evaluar la actuación de los jugadores? Los aficionados saben que no, que, por ejemplo, Calderón es un magnífico base, por mucho que las estadísticas de T.J. Ford en Toronto parezcan más espectaculares. O que muchos de los estadounidenses que actúan en Europa son lo que tradicionalmente se conoce como 'money players', jugadores sólo preocupados de sus estadísticas, que muchas veces engordan en los minutos de la basura cuando no han sido capaces de ayudar a su equipo a ganar el partido.

Sin embargo, la masificación de este deporte ha abierto la puerta a muchos comentaristas de medio pelo que fundamentan sus opiniones en ejercicios aritméticos de Primaria. Para ellos, cuatro puntos valen más que 100 decisiones acertadas, porque estas últimas no aparecen en la estadística. Nunca jugaron en una cancha de barrio, como nunca vieron un partido de minibasket ni entienden el esfuerzo y las horas de entrenamiento que hay detrás de cada acción. Hace unos días una comentarista de Antena 3 comentaba (como siempre) las tres mejores jugadas de la NBA como si fueran números circenses: en una de ellas Kobe Bryant se enfrentaba a Yao Ming: con una sutil finta logró desplazar al chino un metro hacia la derecha para rebasarle con un rapidísimo primer paso y encestar a canasta pasada para salvar sus gigantescos brazos. Una delicia de fundamentos ultrajada por este burdo comentario: "En el número 2, Kobe Bryant: ¡vaya mate!" Y se quedó tan ancha.

Y en esa línea de indigencia intelectual encontramos, cómo no, al Peor Periodista Deportivo de España (PPDE), últimamente metido a "entendido" de baloncesto como muestran algunos de sus artículos recientes. En una de sus perlas no dudó en encumbrar el sistema de valoración estadística de la ACB, con afirmaciones lapidarias dignas de una antología del disparate (un conocido me comentaba recientemente que si se editaran las 365 columnas que escribe al año, sería un best seller de humor): "Un discreto jugador podrá conseguir la canasta de la victoria, pero nunca resistirá la fría estadística que le registra cada fallo y cada acierto. Al final, los más valorados son siempre los mismos. Los mejores ya consabidos (sic)". Así, como lo leen, y aún se atreve a seguir escribiendo sobre baloncesto sin ningún pudor. "Los números acaban encumbrando a los mejores y sepultando a los farsantes". Si fuera cierto... qué lástima que no los haya en el periodismo deportivo.