Aquí no se habla de fútbol
View Article  Siguen mintiendo, luego cabalgamos
Comentábamos hace meses el seguimiento que de este modesto blog hacen algunos periodistas, especialmente aquellos que alguna vez son objeto de nuestros comentarios y/o críticas. Hoy, una vez más, observamos como un diario deportivo de ámbito nacional publica lo que podría entenderse como una reacción a las opiniones aquí vertidas ayer sobre una de sus informaciones, cuya veracidad, por decirlo de forma suave, era más que dudosa.

No podemos afirmar tajantemente que la motivación de dicho artículo sea respondernos a nosotros. Sería demasiada aspiración para esta humilde bitácora. Pero sí tenemos datos que nos hacen sospecharlo: el texto publicado hoy contesta directamente a una acusación formulada ayer desde Basketchip. Y, casualmente, nos consta que este blog tuvo ayer visitas desde localizaciones geográficas poco habituales entre nuestro público, pero en las que sí se encontraba el autor de ambas noticias: el artículo denunciado y la supuesta contestación.

Como un servidor se resiste a creer que este blog cuente con lectores ucranianos, el convencimiento se hace mayor: nos leen. Y aunque no se puede afirmar categóricamente, la sospecha se amplía: nos leen y reaccionan ante nuestros comentarios. Lo cual, dicho sea de paso, es un efecto propio de nuestros tiempos: la web 2.0 comienza a marcar, aunque sea tímidamente, la agenda de los grandes medios de comunicación. A través de la blogosfera, los lectores tienen una voz, pequeña, diminuta, pero perfectamente distinguible para aquellos que la quieren oir. Y, dicho sea de paso, merece más crédito el periodista preocupado de lo que opinan de él sus lectores que aquel que se limita a sentar cátedra desde púlpitos supuestamente intocables.

Dicho lo cual, y agradeciendo a los profesionales del periodismo la atención que nos prestan, debemos reafirmarnos en el fondo del post con el que ayer denunciábamos las manipulaciones de Ramón Calderón y sus corifeos en torno al futuro NBA del Real Madrid. Se dice que una media verdad es peor que una mentira. Yo añadiría: mucho peor que todo eso es ocultar las mentiras entre verdades parciales para tratar de defender lo indefendible.

No hay precedentes en la NBA en los que, ante un draft de expansión, la Liga designase unilateralmente qué jugadores deberían estar disponibles para las nuevas franquicias. Sencillamente, no los hay. Afirmar lo contrario es faltar a la verdad. Y pretender aludir a que en su día quiso hacerse tal práctica aunque finalmente no resultó interesante es, simplemente, utilizar la imaginación para disfrazar la verdad.

En los drafts de expansión, los equipos de la NBA elijen a un numero determinado de jugadores como "intocables", permitiendo que los nuevos equipos que se unen a la competición puedan elegir para formar sus plantillas a aquellos jugadores que quedan en situación de "no protegidos". Esta sería la realidad con la que se encontraría el Real Madrid si algun día (y no será en 2009, como se afirmaba en el artículo) llega a jugar en la NBA. Basta dar un repaso a los jugadores elegidos en toda la historia de este tipo de drafts para darse cuenta de que nunca hubo grandes estrellas. Jamás pesaron las razones "comerciales y de márketing" para obligar a Lakers, Celtics o Bulls a prescindir de sus estrellas por el bien de los nuevos clubs.

La NBA, como organización, no podrá nunca imponer a los equipos que la componen que renuncien a determinados jugadores simplemente porque uno de los nuevos socios está muy interesados en ellos. En el paraíso del libre mercado es inimaginable que alguien pueda obligar a una empresa a ceder al mejor de sus trabajadores si no tercia una compensación económica suficiente. Sería tanto como decirle a los Spurs que renuncien a Tin Duncan porque llegara un equipo de las Islas Vírgenes, a Phoenix que dejase ir a Nash a un nuevo equipo canadiense, o a los Mavericks que cedieran a Nowitzki a una hipotética nueva franquicia de Berlín. ¿Imaginan las carcajadas de Mark Cuban si le propusieran tal cosa? Pues pónganse en la piel de Brian Davis, el futuro nuevo propietario de los Grizzlies, si le dicen que tiene que dejar ir a Gasol, al que tanto están echando de menos durante su lesión, sólo porque un nuevo equipo de la Liga quiere tener a todos los españoles.

En resumen: si alguien le ha prometido algo así a Ramón Calderón, miente. Si Calderón se lo ha inventado para engordar el bulo NBA, miente. El periodista que así recoje las palabras de Calderón sin presentar objeción alguna no miente, pero guarda un cómplice silencio. Y si al día siguiente trata de defender su ligereza ética evocando precedentes que nunca han ocurrido y que son totalmente inviables, entonces sí que miente, y además con alevosía. Y así lo seguiremos denunciando desde Basketchip, aún a riesgo de perder a alguno de nuestros más fieles lectores.
View Article  McMillan castiga a Sergio Rodríguez
De poco le han servido al base canario sus brillantes actuaciones de las últimas semanas. Sus partidos con 10 y 11 asistencias en poco más de 20 minutos pasaron al olvido para el técnico de los Blazers, Nate McMillan, simplemente al ver un mal pase de Sergio durante el choque del pasado martes. Según cuentan los reporteros de Oregon Live, McMillan decidió en ese mismo momento relegar al español al puesto de tercer base en el equipo, en beneficio de Dan Dickau, teórico primer suplente en esa posición, quien a su vez habría recibido un castigo similar durante las semanas en las que Sergio más brilló.

En otras palabras, la filosofía con la que McMillan pretende curtir a sus jóvenes jugadores está basada en el castigo y no en el premio. Corregir antes que reforzar, bajo el argumento de que "son siempre los mismos errores", en palabras del propio técnico. "Sergio estará bien. Es joven, y aunque está haciendo cosas buenas, parece que cuando comete errores lo hace en momentos cruciales de los partidos", continúa McMillan. Esta última frase con la que se justifica el entrenador quizá sea la que revele la verdadera intención de esta extraña teoría docente: los errores de los jóvenes son aceptables mientras no le hagan perder partidos. Porque una cosa es cuidar el futuro de las estrellas emergentes y otra muy distinta es descuidar el propio, que la estabilidad de los head coach es muy frágil.