¡Qué final! ¡Qué grande es el baloncesto! ¡Que bonita es la Copa! ¡Y más bonita aún cuando los que la disputan son clubs de basket-basket, sin intromisiones jurgoleras!

¡Qué pedazo de jugador es Prigioni! ¡Qué computadora tiene en la cabeza! ¡Qué exhibición robando balones! ¡Qué bochorno el de los bases madridistas, a los que birló la cartera en cinco ocasiones!

¡Qué lección de Ricard Casas! ¡Qué injusto resultado si sólo nos fijáramos en el duelo en los banquillos! ¡Qué capacidad para mantener dentro del partido a un equipo al que habían desahuciado en cinco minutos! ¡Que brillante órdago jugar con cuatro pequeños en el último cuatro! ¡Que torpe Perasovic cediendo al desafío y sentando a David, casi le cuesta la victoria! ¡Que putada, Ricard, eso de ser el vendedor moral!