Ese equipo y esa afición no se merecen ese entrenador. Unicaja lo tiene todo para ser un equipo simpático y querido en toda España: tradición baloncestística, afición entregada, simpatía, carisma... Pero en su obsesión en ganar a cualquier precio, sin reparar en formas ni tomar prisioneros, Sergio Scariolo ha conseguido deshonrar y mancillar el título que tan brillantemente ha ganado su equipo, y levantar por media España una animosidad hacia el club andaluz que en nada merece. Sergio lo defenderá asegurando que fomenta la unión del equipo, pero lo que en realidad consigue es asociar el nombre del club y del patrocinador a una imagen y unos valores que a buen seguro sus responsables repudian.
Si lamentable ha sido su tiempo muerto a falta de cinco segundos, con la Liga ganada gracias a los irremontables cuatro puntos de ventaja que disfrutaba, no menos lamentables han sido los episodios que ha protagonizado a lo largo de todos los playoffs: contra Splitter, contra Perasovic, contra Aíto... Siempre Sergio contra todos, da igual el rival, una capacidad asombrosa para estar siempre en medio de la gresca.
¡Qué triste es que la afición que hace sólo unos años te ovacionaba te despida hoy con gritos de "Scariolo, hijo de p..."! Pero más triste es que tus arrebatos de soberbia hayan impedido a tus jugadores disfrutar del título por el que tanto han luchadocomo merecían: en medio de la pista, recibiendo la ovación de un público rival como el baskonista, que sabe premiar a los rivales cuando demuestran su superioridad. Pero el afán de protagonismo del italiano, su revanchismo sin límites, su innata mala baba le han impedido reprimir ese último gesto: toma, tiempo muerto, chúpate esa, Peras... Cuando los protagonistas eran los jugadores, ahí estaba él para dar la nota, para provocar, para llevarse los flashes y rodearse de micrófonos. Lo siento, pero ya llueve sobre mojado.
Enhorabuena Málaga, enhorabuena Unicaja, por esta temporada y este título. Y lo siento, porque la chulería del impresentable de vuestro entrenador hará que mañana se hable más de él que del mérito de vuestro triunfo. Vosotros sabreis en quién confiais.












